Estudio Bíblico

CUANDO DIOS NOS PIDE TODO

Abraham y su hijo Isaac

Esa noche Abraham no pudo dormir. El Señor le había hablado y le había pedido que hiciera algo que para él era muy penoso e incomprensible. Piensa si debe o no comunicárselo a su esposa pero se da cuenta que para ella sería un golpe brutal. A eso de las tres de la mañana despierta a su hijo y a dos sirvientes y les dice que se preparen rápidamente para emprender un viaje antes que salga el sol.

Papá ¿A dónde vamos?

El padre ya es un hombre muy anciano. Es alto, flaco y tiene una larga barba blanca. Sus ojos son oscuros y penetrantes. Se parece uno de los santos penitentes que pintara el Greco.

Hijo, vamos al lugar que Dios nos ha dicho que tenemos que ir.

El joven tiene apenas unos 16 años. Es de buen parecer. Ya tiene la altura de un hombre adulto y es robusto y musculoso. Su rostro está quemado por el sol del desierto. Y tiene cierto aspecto al David de Leonardo.

El grupo de 4 hombres comienza la marcha. Abraham va montado en un asno y le siguen Isaac y los dos criados. El paisaje es árido hay rocas y más rocas. El sol es fuerte y quema como si fuera un soplete para fundir metales. Al tercer día Abraham vio de "lejos el lugar". En la distancia hay una montaña que parecería igual a las otras tantas que han pasado. Pero el patriarca no puede apartar sus ojos de ella. Es como la aguja de la brújula que no puede dejar de apuntar hacia el polo. El Espíritu del Omnipotente le ha mostrado que ese es el lugar donde tiene que dirigirse. Durante el camino no ha hablado mucho. Los mozos los siguen silenciosos. El ruido rítmico de las pisadas del asno interrumpe el silencio sepulcral del desierto.

Por fin Abraham hace una seña y el grupo se detiene. Allí hay unos pocos arbustos donde refugiarse del ardor del sol. "Esperad aquí con el asno y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos y volveremos a vosotros".

Al decir esto el anciano tartamudea. En lo profundo de su corazón no está seguro si Isaac volverá pero dice esas palabras que no puede realmente entender en toda su magnitud. Siente en su pecho una angustia que le desgarra por dentro pero ha aprendido a través de su larga vida que lo que Dios manda es siempre lo mejor.

El joven no argumenta cuando su padre pone el pesado fardo sobre sus espaldas. Comienza la parte final de la caminata. El padre lleva un cuchillo y una especie de antorcha encendida. El hijo lo sigue con el atado de leña.

Abraham camina mirando hacia el cielo. Sus ojos están cubiertos de lágrimas. Sí, el sabe que Dios no puede fallar porque nunca lo ha hecho. El ama tanto a Isaac. Es el hijo de la promesa. Es aquel que él esperó tanto y cuando todo parecería imposible el Eterno hizo un milagro.

El joven le dice a su padre:

— Papá ¿por qué estás tan triste.

El anciano torna su rostro y el hijo percibe las lágrimas que fluyen libremente. Un pensamiento aterrador cruza por la mente de Isaac. Con todo respeto pregunta:

— "¿Padre mío, he aquí el fuego y la leña pero donde está el cordero para el holocausto?"

Isaac mira a su alrededor y no ve más que los arbustos de siempre y rocas. El joven se da cuenta exactamente de lo que su papá va a hacer. Sabe que el fácilmente podría defenderse y físicamente librarse de su padre. El es un muchacho fuerte.

El joven se muerde los labios con fuerza para no argumentar nada. El mozo sin protestar obedece a su progenitor y no se resiste cuando él lo empieza a atar. Su amor, respeto y obediencia es tan profunda que acepta la voluntad paternal.

Por la mente de Abraham cruzan todos los momentos más importantes de la vida de su hijo como si fuera una película de cine. Recuerda cuando el Eterno le anunció que su anciana esposa iba a tener un hijo. Le viene a su memoria como si fuera hoy la risa de temor e incredulidad de Sara. Se acordó de la frase que dijo el Omnipotente y que jamás iba a olvidar. La había repetido cientos de veces en su corazón: "¿hay para Dios alguna cosa difícil?" (Gn 18:14). Con tristeza se acordó del nacimiento y de los primeros pasos. De cómo el niño corría hacia él y le daba besos y abrazos. Pero pronto todo esto podía ser sólo el recuerdo hermoso de un hijo muerto a una edad muy joven.

Lentamente el padre coloca a su hijo sobre el montón de leña que ha dispuesto cuidadosamente. Abraham mira a ese cuchillo filoso que tantas veces ha usado para ofrecer el sacrificio a ese Dios que es "tres veces santo". Isaac no se queja ni protesta. Guarda silencio de la manera que sólo lo pueden hacer aquellos que aceptan la voluntad del Eterno incondicionalmente. El patriarca levanta su brazo armado para cumplir el mandato divino. Esta pálido y tiembla como un diapasón de música. Un sudor frío cubre la cara del anciano. Sus pensamientos corren como si fuera por calles que se atraviesan.

Sí, yo sé que mi Dios es fiel, yo sé que he sido llamado "su amigo". Yo sé que El todo lo puede. Por un instante titubea y se pregunta ¿y si Dios no hace un milagro? ¡No!, se dice a sí mismo. Mi Dios es misericordioso y omnipotente.

El joven ha cerrado sus ojos. Ha visto a su padre muchas veces ofrecer el sacrificio. Espera ese cuchillazo atroz que en pocos minutos va a acabar con su vida. El padre palpa con su mano izquierda el cuello de su hijo como si fuera la última vez que lo va a hacer. Luego la retira. En su mente ya tiene una idea precisa donde debe insertar el filo letal. Alza su otra mano, la que está armada con el cuchillo que resplandece con colores rojizos. Inmediatamente cierra sus ojos y se prepara una fracción de segundo después para dar el golpe mortal. ¡Tiene que hacerlo pero no quiere verlo!

En el preciso instante que su cerebro va a dar la orden del golpe final se escucha el ángel de Jehová dando voces del cielo "Abraham, Abraham". El patriarca responde, "Heme aquí". "No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único". El brazo de Abraham baja lentamente mientras el cuchillo se le cae de su mano.

Sus ojos ahora están más mojados que antes. Pero estas son lágrimas de alegría y gratitud. Sus labios muestran una sonrisa indescriptible. Al levantar sus ojos y darse vuelta ve que a sus espaldas hay un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos. El progenitor rápidamente corta las ataduras de su hijo quien lo abraza y lo acaricia como cuando Isaac era un niño. El joven besa a su padre.

Abraham se dirige al animal trabado y lo ofrece en sacrificio. Padre e hijo vuelven al lugar donde los dos siervos los están esperando. Al llegar los hombres les preguntan: ¿cómo les fue para la adoración? El patriarca responde: Me costó mucho pero "Jehová proveyó para el sacrificio".



La historia bíblica y yo

Dios hace cosas que para nosotros son totalmente incompresibles. A veces las entendemos al pasar de los años, en otras ocasiones sólo las comprenderemos en la eternidad. Esta es una de ellas. Sin duda que Abraham no pudo entender por qué el Señor le dijo que entregara a su Hijo como un sacrificio. No hay precedente que Dios haya ordenado esto a ninguna persona antes.

Por otro lado, ese hijo era realmente un milagro. Abraham tenía casi 100 años cuando nació Isaac y suponemos que su esposa Sara tenía algo menos. Pero ya habían pasado muchos años desde el tiempo fisiológico para engendrar un hijo.

Probablemente Abraham no hubiera estado dispuesto a dar a su hijo si el Señor le hubiera pedido el sacrificio cuando él tenía 40 años de edad. Necesitó llegar a los cien y tantos para tener esos largos años de vida de 60, 70, 80 y 90 que le permitieron aumentar en forma progresiva su fe para llegar a este punto de confianza total.

Si el hijo hubiera fallecido de causas naturales hubiera sido muy doloroso para los dos. Si hubiera muerto por un accidente involuntario de Abraham hubiera sido muy penoso al pensar que por su culpa su hijo murió. Pero el matarlo con su propia mano, eso sí que era algo realmente tremendo.

El carnero que Abraham ofreció como sustituto fue trabado por sus cuernos al zarzal. Sin duda que el animal trató de zafarse y no pudo. El Señor Jesús fue ligado por su amor a la cruz del calvario. El carnero quedó trabado; sin duda en contra de su voluntad. El Señor quedó "prendido" por su propia voluntad.

Abraham podría haber argumentado que él podría ofrecer en sacrifico muchos animales en vez de Isaac. Pero dar a su propio hijo esto parecería casi demasiado. Quizás podría insinuar si Ismael no sería lo mismo. Pero el Señor le dijo claramente que era Isaac.

Muchas veces hemos estado en la vida en situaciones en que nos preguntamos si es posible que lo que Dios nos ha pedido es demasiado. A veces Dios nos puede pedir sacrificios que para nosotros son muy grandes.

Observemos que Abraham no postergó la orden del Señor. Se decidió a hacer lo que el Señor le había dicho de inmediato. Para poder acceder a la orden del Eterno tiene que estar plenamente convencido a lo menos de los siguientes atributos de Dios.

• Su reinado o soberanía de Dios. El tiene derecho de exigirle todo lo que quiere a sus súbitos por su derecho como Rey eterno

• Su omnisciencia o conocimiento y sabiduría total. Abraham no interroga a Dios ni le discute.

• El amor divino. Si Dios me lo pide él hará algo aunque yo no lo entiendo. Dado que El me ama no va a hacer algo malo por el sólo hecho de hacerlo.

• Su omnipotencia o poder ilimitado. Que aún lo podía resucitar de los muertos (He 11:19).



Contrastes entre Isaac y Cristo

Contrastes y Similitudes entre la historia de Abraham e Isaac y del Padre Eterno y de su Hijo Jesucristo. Notar la diferencia entre padre con minúscula refiriéndose a Abraham y con mayúsculas refiriéndose al Todopoderoso; y lo mismo el hijo refiriéndose a Isaac y al Hijo refiriéndose al Señor Jesús.

• El padre iba a sacrificar al hijo que amaba tanto: "a Isaac a quien amas". El Padre sacrifica al Hijo a quien ama (Jn 15:9).

• El padre puso la carga de leña sobre su hijo. El Padre puso la carga del pecado sobre el Hijo: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado" (1 Co 5:21) y (Is 53:6): "Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros".

• Abraham estuvo dispuesto a ofrecer a su único hijo (nacido por la fe) si bien tenía uno, Ismael, que había sido engendrado según la carne. Dios ofreció a su Hijo único: "De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito" (Jn 3:16).

• Abraham vio el lugar donde tenía que ofrecer el sacrificio "de lejos". Jesús, al principio de "su ministerio le responde a su madre: aún no ha venido mi hora" (Jn 2:4). Con esto estaba indicando que ya miraba de lejos a la cruz.

• El padre y el hijo iban juntos. Tenían comunión. El hijo aceptaba incondicionalmente la voluntad de su padre. El Hijo de Dios pudo decir "porque yo lo que a él agrada hago siempre" (Jn 8:29) y su Padre pudo agregar: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia" (Lc 3:22).

• Abraham alzó su mano con el cuchillo. El Padre levantó la espada simbólica del juicio sobre el pecado: "¡Levántate oh espada contra mi pastor y contra el hombre compañero mío!" (Zac 13:7), y "Jehová quiso quebrantarlo sujetándole a padecimiento" (Is 53:10).

• El hijo (Isaac) no se resistió contra el padre. El Eterno Hijo no se opuso a la voluntad de su Padre: "como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció y no abrió su boca" (Is 53:7).

• El hijo del acaudalado Abraham hizo el viaje a pie con los sirvientes. El Hijo de Dios, el Creador y Sustentador del Universo fue caminando por los senderos polvorientos de Judea.

• Isaac llevó la leña cuando dejaron atrás a los sirvientes. El Hijo llevó el peso del pecado ("la leña") todo el camino.

• Abraham fue al lugar que Dios le dijo. El Hijo fue al lugar que el Padre le indicó: "He aquí que vengo, oh Dios para hacer tu voluntad" (He 10:9-10).

• Una voz del cielo salvó la vida de Isaac: "no extiendas tu mano sobre el muchacho" (Gn 22:12). No hubo una voz del cielo para detener el sacrificio. Los hombres dijeron: "Dejad, veamos si viene Elías a librarle" (Mr 15:36), pero hubo silencio del cielo.



Otras ideas

Veamos también algunos contrastes y similitudes entre la ofrenda de Abraham y el joven rico (Lc 18:18-30). Tanto Abraham como aquel joven eran ricos y religiosos. También había algo que cada uno de ellos quería especialmente: el joven su dinero, mientras que Abraham, a su hijo Isaac. En ambos casos el Señor les pidió exactamente eso que más amaban, pero la gran diferencia es que mientras que Abraham se lo ofreció y volvió feliz, el joven se negó y se fue triste.

En este relato se producen 3 milagros. El primero es la voz de Dios indicándole qué es lo que debe hacer. El segundo es la voz del Angel del Señor deteniendo el brazo de Abraham. El tercero es el carnero atrapado en un zarzal en el momento y en el lugar exacto.

Dios determina quién va a ser ofrecido en holocausto.

No hay lugar para improvisación.

La frase "Dios proveerá de cordero para el holocausto" (Jn 1:29) se cumple textualmente con la venida del Señor Jesús como el Cordero de Dios muriendo en la cruz.

Una reflexión más en cuanto a la promesa que Dios le hizo a Abraham, "en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra". En un sentido se ha cumplido en el hecho que ha habido muchos israelitas con los premios Nobel de Medicina, Física o Química en mayor proporción que cualquier otro país del mundo. También músicos, compositores, directores de orquesta. Pero la bendición más grande fue nuestro bendito Señor Jesucristo, nuestro Redentor que nació de la descendencia de Abraham.



Usado con permiso

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